Ventanas abiertas en el aula

 


Cuando la incertidumbre incomoda, aparece una urgencia por fijar sentido. La psicología la llama necesidad de cierre cognitivo, una tendencia a reducir la ambigüedad y asegurar certezas. La evidencia indica que, cuando esa necesidad es alta, las personas suelen resistirse a integrar información nueva al juzgar asuntos controversiales, entre ellos la discriminación y el prejuicio. El aula no queda al margen de esa dinámica.

Esta revisión narrativa reúne estudios que exploran cómo la necesidad de cierre interviene en el aprendizaje y en las emociones. El mapa que se dibuja es claro. En contextos de alta presión por “tener razón”, la comprensión se estrecha, las lecturas se vuelven literales y los climas socioemocionales se polarizan. En cambio, cuando la enseñanza habilita tiempos y dispositivos para habitar la duda, el estudiantado incorpora datos nuevos con menos defensividad, revisa supuestos y despliega perspectivas alternativas.

El recorrido también muestra vacancias. Faltan investigaciones que conecten, caso por caso, la necesidad de cierre con la formación de prejuicios y prácticas discriminatorias en escenarios educativos reales. Hacen falta diseños que articulen medidas de clima emocional, tareas de lectura y escritura situadas en las disciplinas y evaluaciones de cambio actitudinal a mediano plazo. Ese tipo de estudios permitiría ensayar intervenciones pedagógicas con materiales sobre problemáticas sociales que no moralicen ni adoctrinen, sino que inviten a pensar con otros.

La apuesta es sencilla y exigente. Menos urgencia por concluir, más trabajo con procesos. Menos respuestas rápidas, más preguntas compartidas. Abrir la escena a la complejidad no debilita el aprendizaje, lo vuelve más justo y más humano.

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