En el Salón Dorado de la Casa de la Cultura resonará uno de los grandes gestos de Franz Schubert: el Octeto en Fa mayor D 803. Una obra extensa y conmovedora, tejida de melodías que parecen hablar tanto de la intimidad como de lo colectivo.Los ocho músicos que la interpretarán no llegan como solistas aislados, sino como parte de un ensamble que nació en junio de 2024 dentro de la Orquesta Sinfónica Nacional. Primero fueron cuerdas y cornos, luego se sumaron clarinete, fagot y contrabajo. Esa expansión no fue solo sonora, también humana: el grupo entiende que tocar juntos es también ensayar formas de comunidad, de identidad compartida.
El repertorio de cámara, en este caso, no se limita a ser una partitura: es un espacio de exploración, de búsqueda de una voz propia que se construye en diálogo entre biografías, trayectorias y deseos. Por eso la presentación, con entrada libre hasta colmar la capacidad, se vuelve más que un concierto. Es la posibilidad de habitar un tiempo distinto, donde la belleza melódica y la intensidad expresiva nos recuerdan que la música no sucede en soledad, sino en el entramado de los vínculos que la hacen posible.