El cierre de la semana financiera mostró que la economía argentina se mueve al ritmo de las urnas. El dólar terminó en 1.380 pesos y el riesgo país superó los 900 puntos, una cifra que no habla solo de números, sino de desconfianza acumulada. Desde enero, la prima de riesgo subió más de 60 por ciento y refleja un mercado que descuenta tensión, intervención oficial y posibles sorpresas en los próximos días.
Mientras tanto, la Bolsa porteña ensayó un respiro, con un Merval que cerró con una ganancia del 2,2 por ciento, y algunas empresas energéticas y de servicios liderando las subas. En Nueva York, los ADRs de firmas argentinas acompañaron con avances moderados. Los bonos, en cambio, mostraron apenas un rebote técnico que no alcanza para revertir meses de caída.
El frente cambiario quedó en el centro de la escena: dólar oficial, paralelo y financieros subieron de forma contenida gracias al uso intensivo de reservas por parte del Banco Central. La pregunta inevitable es qué pasará después de las elecciones: ¿continuará la estrategia de intervenciones diarias o habrá un giro hacia un deslizamiento más acelerado del tipo de cambio?
En este clima, los analistas ya recalibran sus proyecciones y ubican la cotización de fin de año por encima de los 1.600 pesos. La política se entrelaza con las cotizaciones: declaraciones de Javier Milei sobre un “empate técnico” en la provincia de Buenos Aires reconfiguraron expectativas y dieron un respiro efímero a los activos argentinos en Wall Street.
El dato de fondo es claro: los mercados no reaccionan solo a balances o proyecciones económicas, sino al pulso electoral. Con el riesgo país como termómetro de la fragilidad y el dólar como obsesión cotidiana, la economía se vuelve rehén de la política. Y lo que ocurra el día después de los comicios marcará si la incertidumbre encuentra un cauce o se transforma en un nuevo ciclo de inestabilidad.